Cómo comparar presupuestos de diseño web sin mirar solo el precio

Dos propuestas pueden usar las mismas palabras y cubrir trabajos muy distintos. Antes de decidir, convierte cada presupuesto en una lista de entregables, responsabilidades y condiciones.

El precio de una web depende de más cosas que el número de páginas. Una propuesta puede incluir investigación, estructura, textos, diseño y pruebas. Otra puede partir de una plantilla y esperar que el cliente entregue todo listo. Ambas pueden ser válidas, pero no son comparables sin leer el alcance.

La pregunta útil no es solo “¿cuánto cuesta?”. Pregunta qué problema se resolverá, qué trabajo está incluido y cómo se comprobará que la web está terminada.

Qué páginas y funciones se entregan

El presupuesto debería nombrar las páginas o plantillas previstas. Una tienda puede necesitar portada, colección, producto, carrito, contenido informativo y políticas. Una web de servicios puede incluir portada, páginas de servicio, proyectos, equipo, contacto y contenidos legales.

Las funciones también deben concretarse. “Formulario de contacto” no explica cuántos campos tendrá, a qué dirección llegará, qué confirmación verá la persona ni cómo se tratarán los datos. Lo mismo ocurre con reservas, idiomas, mapas, filtros o conexiones con otros sistemas.

Quién prepara los contenidos

Aclara quién escribe los textos, selecciona las fotografías, recorta las imágenes y carga la información. Si el cliente debe entregarlo todo, pregunta en qué formato y en qué fecha. Si lo prepara el proveedor, pide que se indique cuántas páginas, productos o piezas están incluidas.

Una web puede estar técnicamente acabada y seguir sin poder publicarse porque faltan fotos, condiciones de envío o descripciones. Repartir esas tareas desde el principio evita semanas de espera.

Cómo se aprueba el diseño

Pregunta si verás una estructura, un diseño o un prototipo antes del desarrollo. Confirma cuántas rondas de cambios incluye la propuesta y qué se considera una revisión.

“Cambios ilimitados” parece tranquilizador, pero suele ocultar un proceso sin límites claros. Es preferible saber en qué momentos se revisa, quién concentra los comentarios y qué ocurre si aparece una función nueva.

Qué significa que la web esté preparada para SEO

SEO básico puede cubrir títulos, descripciones, jerarquía de encabezados, URLs comprensibles, sitemap, indexación y datos estructurados cuando correspondan. No equivale a una estrategia continua de contenidos ni garantiza una posición.

Pide que separen la preparación técnica del trabajo mensual. Si la propuesta incluye investigación de búsquedas, redacción, enlazado interno o seguimiento, debería explicar cuántas páginas se trabajarán y cómo se informarán los avances.

Qué se probará antes de publicar

El presupuesto debería mencionar los navegadores y tamaños de pantalla que se revisarán, además de los recorridos importantes. En una tienda, prueba desde el producto hasta la confirmación del pedido. En una web de servicios, comprueba formulario, llamada, mapa, reserva y mensajes de confirmación.

Accesibilidad, rendimiento y privacidad no se resuelven con una frase. Pregunta qué comprobaciones se harán y qué límites existen. Una integración externa, por ejemplo, puede imponer parte del comportamiento y del tiempo de carga.

De quién serán las cuentas y los archivos

El dominio, la plataforma, la analítica y las herramientas principales deberían quedar bajo cuentas controladas por el negocio, con los accesos necesarios para el proveedor. Confirma cómo se entregan el código, los diseños, las licencias y las credenciales.

En Shopify, pregunta cómo se transferirá la tienda. En WordPress, identifica quién contrata el alojamiento y quién conserva las copias. Si se usan temas, tipografías, fotografías o extensiones con licencia, anota quién paga las renovaciones.

Qué pasa después de la entrega

Distingue garantía, soporte y mantenimiento. La garantía corrige errores del trabajo acordado durante un periodo. El soporte ayuda a usar la web. El mantenimiento cubre actualizaciones, copias, seguridad o mejoras, según la plataforma y el contrato.

Pide el coste de las tareas recurrentes y la forma de solicitar cambios. Saberlo antes permite comparar el coste completo, más allá de la factura inicial.

Preguntas que deberían quedar respondidas

  1. ¿Qué páginas, plantillas y funciones se entregan?
  2. ¿Quién aporta textos, fotografías, productos y traducciones?
  3. ¿Cuántas revisiones hay y cuándo se realizan?
  4. ¿Qué preparación SEO está incluida?
  5. ¿Qué pruebas se harán antes de publicar?
  6. ¿Quién será titular de las cuentas y licencias?
  7. ¿Qué formación, garantía y mantenimiento habrá?
  8. ¿Qué queda expresamente fuera del precio?

Cuando una propuesta no responde a una de estas preguntas, no significa que sea mala. Significa que falta información para compararla. Pide que la respuesta se añada por escrito.

Un presupuesto claro también protege al proveedor. Reduce cambios inesperados, ayuda a planificar y permite dedicar más tiempo al trabajo que sí se ha acordado.

Antes de decidir

Podemos ayudarte a concretar el alcance.

Si tienes una idea todavía difusa, cuéntanos qué hace el negocio y qué debería conseguir la web. La primera conversación sirve para ordenar necesidades, aunque el proyecto aún no esté listo para presupuestar.

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